Por Natalia Borrero Morales- Periodista

Es complicado definir cuántas unidades productivas mineras de aluvión existen realmente en la zona. El Laboratorio de Formalización Minera de la Gobernación de Antioquia caracterizó alrededor de 155 en la región del Bajo Cauca a junio de este año. Por su parte, un estudio de Corantioquia hablaba en 2010 de 400 minas, y el Censo Minero de Antioquia también de ese año reportó la presencia de 362.

En este tipo de minería para llegar a la peña, es decir, a la parte donde se supone está el oro, se necesita remover desde unos cuantos metros de tierra, hasta 30 o incluso más, según las condiciones geológicas del lugar. Sin embargo, la estadística dice que para extraer un gramo de oro es necesario mover entre cinco y seis metros cúbicos de tierra.

 

De esta forma, cuando se está en el sitio donde se supone hay oro con la retroexcavadora, se hace un hueco o "cúbico" como lo llaman los mineros de la zona. A medida que se baja se toman muestras, para ver si es o no rentable. Luego la peña se mezcla con agua y el lodo se echa a la elevadora o a la bomba draga, que a su vez lo conduce al canalón, donde, por lo general, con la ayuda del mercurio o azogue se lleva a cabo la aleación. Las moléculas de oro se juntan y se precipitan a unos cajones.

En la minería de aluvión la ilegalidad es una constante. Durante décadas enteras miles de personas han extraído oro en áreas tituladas a multinacionales o a terceros. Frente al problema de ilegalidad e informalidad minera en el territorio nacional, el Código de Minas de 2001 les impuso a los mineros informales requisitos que ellos consideraban inalcanzables para legalizarse. Las asociaciones consiguieron que, en ese entonces, les dieran tres años de plazo y 2.845 de ellos presentaron solicitudes formales, pero hasta 2010 el Gobierno solo había legalizado 23. Con el Decreto 933 de 2013 que introdujo criterios para aminorar las exigencias a los mineros susceptibles de legalización, a julio del año pasado se habían recibido 8.125 solicitudes, con 39 por ciento rechazadas, 4.959 en trámite y solo un título otorgado.

En busca de soluciones rápidas e integrales al problema de la informalidad, el programa Bioredd+ ha acompañado la ruta para legalizar 68 minas de aluvión en el Nordeste y Bajo Cauca antioqueño y en Buriticá.

 

No han sido los únicos. Desde el programa ‘Antioquia la más educada’, se creó el Laboratorio Piloto de Formalización Minera del departamento, ubicado en el Bajo Cauca. Según Gustavo Viana, coordinador del proyecto después de la caracterización, 90 minas se encuentran en proceso de formalizarse. A otras 65 les están haciendo un acompañamiento en sus planes de cierre y abandono de operaciones.

 

Técnicos de los dos programas se encargan de capacitar a los mineros en temas relacionados con seguridad, planes de negocio y políticas de formalización.

La minería de aluvión es, tal vez, el tipo de explotación más permeada por la criminalidad. En el libro Informalidad e ilegalidad en la explotación del oro y la madera en Antioquia, realizado por investigadores de la Universidad EAFIT con apoyo de la Fundación Ideas para la Paz, los autores establecieron que sólo por las extorsiones “los grupos ilegales podrían estar recibiendo mensualmente entre 650 y 3.450 millones de pesos, ‘cifra que representaría entre el 20 y el 70 por ciento del PIB minero’ (…) la extorsión oscila entre uno y cinco millones de pesos mensuales por máquina o entable, en zonas de baja producción como el Occidente y hasta diez millones en zonas de alta producción como el Bajo Cauca y el Nordeste.”

La Ley 1450 de 2011 define los lineamientos de la política para la formalización minera y prohíbe utilizar dragas, mini dragas, retroexcavadoras y demás equipos mecánicos en las actividades mineras que se realicen sin título inscrito en el Registro Minero Nacional, y sin licencia ambiental o equivalente. No cumplir la norma da lugar a la destrucción de la maquinaria, a  multas y sanciones contempladas por el Código Penal. El Decreto 2235 de 2012 confirma esta medida.

En todo el departamento de Antioquia, sin importar el tipo de minería, se conservan las unidades de medida que se utilizaron en la Colonia.

Castellano: 4,6 gramos

Tomín: 0,575 gramos

Real: 0,2875 gramos

Grano: 0,44792 gramos.

La libra no es de 500 sino de 460 gramos, es decir que: 1 libra tiene 100 castellanos, 1 castellano tiene 16 reales, 1 real tiene 6 granos, 1 tomín tiene 2 reales y 6 granos forman 1 real.

Al igual que en la minería de veta, una vez se extrae el material y se hace el proceso de amalgamamiento, usando en la mayoría de casos azogue o mercurio, el oro se calienta para licuarlo y convertirlo en lingote para comercializarlo.

Una de las características de la minería aluvial es su constante movimiento. Los mineros se trasladan en busca del mineral. Pero a su paso dejan efectos negativos que tardan décadas en recuperarse. En muchos casos, ni siquiera las minas legales y formales cuentas con planes de cierre o abandono, lo que hace más grave el problema. Cientos de cráteres se encuentran en el Bajo Cauca y se cree que la minería aluvial aporta un cinco por ciento a la degradación de los suelos.

Los nuevos planes de cierre de mina vienen acompañados de iniciativas de reforestación. Miles de hectáreas están siendo sembradas con especies maderables. Qué tan viable y oportuno es esto, aún no se sabe.  Ambientalistas creen que esto no es una medida de compensación ambiental. Es sustituir la explotación de oro por extracción maderera, bajo el argumento de recuperación de suelos, mejoramiento del paisaje y conservación de la biodiversidad.

“Esto es hermoso, esta es mi pasión. Yo me he hecho aquí. Mi familia ha vivido de esto. La minería ha sido mi sustento”, son las palabras de Darío Garcés; tiene 52 años, de los cuales 30 ha estado dedicado a la minería. Llegó hace 20 años a Cuturú, un área de 80 hectáreas en Caucasia, donde hoy tiene su mina. “Me hice a una retroexcavadora, alquilaba la máquina y obtuve un equipo de minería, compramos motores y arranqué”. De esta porción de tierra ha reforestado 60 hectáreas con apoyo de la Reforestadora Industrial de Antioquia (RIA).

 

Aunque ve en la explotación maderera una alternativa no piensa abandonar la minería, “vamos a seguir buscando donde más se puede hacer minería. Y aquí, la idea es que esto quede sirviendo para algo. Meternos en el cuento de la apicultura e irnos con minería a otra parte. Si se puede y nos dejan, porque ahora estamos tan perseguidos”, afirma.

 

Garcés representa lo que significa la minería para miles de personas en toda Colombia, por eso no tiene reparo en emocionarse cuando se acerca al canalón y decir: “qué belleza, escuche como suena el oro”. Se refiere a la sensación que le da el sonido de las piedras corriendo por el canal de madera, y al mineral que puede estar cayendo en el encajonado.

Diseño y montaje web:  César Alberto Moreno V. (Editor Web de Semana Sostenible) [01 - 12 - 2014]